UN TARRO CON FLORES SILVESTRES

Sentada sobre mi tejado cual teja marchita, observo el resto de tejados e imagino sus vidas, las vidas que ocultan tras sus tejas, unas con aspecto más esplendoroso, otras quebradas y desmejoradas por el paso del tiempo...
Mi tejado es todavía joven, aunque algunas de sus tejas hayan sufrido las furias de algunos vendavales que han marcado su fina pero garrida estructura...
Desde aquí arriba observo siluetas, formas abstractas que se entremezclan en la semioscuridad de un farol, entre la penumbra sorprenden mi percepción al transformarse en vidas, vidas que no conozco y aún así me aventuro a descifrar, aquel hombre que comienzo a vislumbrar porque le veo demasiadas noches desde mi tejado abrazar las farolas mientras intenta sacarlas a bailar, aquel niño que vuelve al parque después de haber estado allí toda la tarde para alimentar a las últimas palomas que pronto regresarán a sus nidos, aquel viejo que fuma en pipa y observa en que se ha convertido su hogar definitivo...
Pienso en mi vida, en las almas solitarias, en las caricias fugaces, en la calidez del sol, la tibieza del amanecer, porque ayer subí a ver el amanecer... y de nuevo sentí paz... y pensé en aquellas flores que una vez llegaron a mi cocina, silvestres, salvajes, aromáticas, espléndidas... con presencia de rocío en sus colores cálidos, sus pétalos delicados y sus tallos fuertes de intenso verde... me enamoré... pensaré en aquel tarro con flores y en nuestras vidas... tan solo en la tuya y la mía.

Me gusta observar desde mi tejado, es mi atalaya, allí siento seguridad, pero a veces también me gusta abandonar mi refugio, mezclarme, atrapar todas esas imágenes y palabras, empaparme de sentimientos y llevármelos conmigo a ... mi querido TEJADO.
